Ilustración de Madrid
18 de Diciembre de 2017  
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Kilómetro 0. Número 14

EN la alcaldía del profesor Tierno, como hito escultórico de la avenida de la Ilustración (gran vía, ciertamente), se imaginó la instalación de un coloso imaginado por Antonio López: El caminante. Dicho al modo clásico: homo viator. No solo hombre que camina, sino el hombre, esencialmente, como caminante, siempre en vías, grandes o pequeñas, transeúnte, viador, palabra que bien vale para ilustrar, iluminándola, la centenaria celebración de la Gran Vía de Madrid (págs. 4,5, 7-46, 95, 103 y 105-110), explicada por el alcalde Ruiz-Gallardón (pág. 5).

 
Desde el Ayuntamiento (aquí, la mano inteligente y solícita de la Delegación de las Artes, presente en esta dedicación a la Gran Vía), nos guía Gloria Esparraguera (pág. 8) y, en el reino del desideratum, Miguel Oriol no se anda con chiquitas: más que alfombrada con claveles, la Gran Vía sembrada de césped, árboles y arbustos, sobre la ingeniería subterránea (pág. 15). Dos presidentes, de empresarios y de amigos, Florencio Delgado (pág. 21) y Alfredo Amestoy (pág 27) humanizan la cuestión; la veteranía de
José del Corral se fija en una esquina (pag.35); dos arquitectos, Javier Ortega Vidal (pág. 37) y Miguel Ángel Baldellou (pág. 41), pasan por sus respectivos tamices los proyectos, los desarrollos y las perspectivas de la Gran Vía, para Edward Baker, santo seña del Madrid cosmopolita (pág. 103); ¿cómo no? , La Gran Víade Chueca y Valverde, en dos documentos encantadores (pág. 105); y el poema habitual, que se hace granviario por la gracia de Ginés Liébana (pág. 7)
 
Por la Gran Vía sigue pasando la cultura matritense, hacia la Historia, la Ciencia, la Artesanía, la Arqueología, la Industria, el Periodismo, el Urbanismo, la Bibliografía, la Botánica o la Cartografía. De algún modo, todo ello está presente en este número 14 de ILUSTRACION DE MADRID, que, por cuarta vez, queridos lectores, queridos amigos, les ofrece sus votos navideños (pág. 6).
 
Desde Paris, Santiago Aragón recupera la memoria científica de Graells (pág. 47) y, desde el subsuelo, Héctor Algarra y Esther Andréu recuperan la Fabrica de Gas del Palacio Real (pág. 67). Manuel Montero Vallejo, con autoridad, nos regresa a la Edad Media de Alfonso VI (pág. 53), y por ella anda el matrimonio Emilio Guerra y Rosario Zapata, entre rollos y picotas (pág. 57). Fernando Olaguer-Feliu e Isabel Sopranis nos descubren, hierros (pág. 61) y plantas (pág. 73), sorprendentes elementos del paisaje urbano. Francisco José Marín Perellón, siempre en la brecha, une pasado y futuro con el análisis del plano de Luciano Delage (pág. 95) y la información sobre el gran Mostoles, hacia los trescientos mil habitantes, y sus tres programas urbanísticos (pág. 81). También Manuel Abella Poblet y Alonso García Escuder unen, en bibliografía preciosa, lo pintoresco de currutacos y madamitas con lo solemne del Consejo de Castilla (pág. 87). Completa las paginas blancas José Manuel Seseña, que relata la catástrofe tranviaria de 1952 (pág. 75) con una coda que, al margen de su autor, es una pasmosa noticia de la historia municipal (pág. 79).
 
En páginas amarillas, se cierra el mosaico con la última bibliografía de Miguel Tebar, en la que reina Madrid cosmopolita. La Gran Vía. 1910-1936 (pág. 103); las ferias de invierno, en el calendario de IFEMA (pág. 104); y las crónicas mensuales que, para recuperar los ajustes de los dos monográficos anteriores, en este caso, son cinco a cargo de otros tantos cronistas de la Villa: José del Corral, Ángel del Río, Antonio Castro, Andrés Ruiz Tarazona y el que suscribe (págs. 98-102), que agradece todas las colaboraciones, siempre atento a cualquier corrección, sugerencia o juicio.
 
Enrique de Aguinaga
Director

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