Ilustración de Madrid
20 de Octubre de 2017  
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Kilómetro 0 nº 25
 
MÓSTOLES (210.000 habitantes), después de Madrid, la mayor ciudad de la Comunidad, se planteó hace diez años un desarrollo (9.500 viviendas en 240 hectáreas) llamado Móstoles Sur PAU 4, que aquí actualiza y explica Gonzalo Fernández Martínez con plena autoridad (pág. 4). Es un modo de ver Madrid desde el exterior. Y ¿qué se ve? Se ve un caleidoscopio, como lo es este mismo número 25 de ILUSTRACION DE MADRID, que cumple –¿quién nos lo iba a decir?– su primer sexenio, siendo más que una revista trimestral, un espíritu que toma cuerpo como breve, espontáneo y simpático concilio matritense (pág. 63).
 
Tanto el número monográfico como el número misceláneo tienen su propio valor y su oportunidad. Para este naciente otoño, ILUSTRACION DE MADRID se presenta decididamente miscelánea. Si se admite, más miscelánea que nunca. Así del Móstoles del siglo XXI, la acreditada competencia de Díaz Padrón nos traslada a La Giocondadel Prado del siglo XVII (pág. 17); África de Carlos y Esther Andréu, a las Casas de Pajes del siglo XVI (pág. 23); Amelia Aranda, a la relojería del siglo XVIII (pág. 29); y Fernando de Olaguer-Feliú, a la indagación de Chispería y Manolería, chisperos y manolos, tanto mas citados cuanto de tipología menos conocida, asentada también en el siglo XVIII (pág. 35).
 
¿Algo del siglo XIX? Pues, sí. Nada menos que Victor Hugo (había una despedida humorística: Como dijo Victor Hugo, buenas noches) Ciertamente, Hugo dijo mucho y bueno; y, además, vivió en Madrid en su niñez, según recapitula Gonzalo Ugidos (pág. 51). Habitante pleno del siglo XX, José Picó, en la serie matritense de dibujantes y pintores, es evocado por Fernando Calvo (pág. 39); del siglo XX, concretamente de la Segunda República, es el plano que ILUSTRACION DE MADRID encarta en este número, en su ya famosa colección, y que Francisco José Marín Perellón glosa con la maestría acostumbrada (pág. 79); y del mismo siglo XX es el hermoso Poema de las Ciudades, de Eduardo Carranza, que me permito recomendar encarecidamente (pág. 87). Y la fuente de Apolo, de Álvarez Ortega (pág. 16)
 
Todos los siglos de la Edad Media están en Manuel Montero Vallejo, nuestro camarada, y en el homenaje que a su memoria dedica Juan Manuel Castellanos (pág. 45). Y en nuestro siglo XXI está todo lo demás. El poema Las cuatro estaciones, de Ginés Mulero (pág. 15); la presentación de embajadores, que viene del siglo XVIII, traída por Antonio Castro (pág. 57): El Corte Inglés, visto por Enrique Armendáriz (pág. 65); las devociones marianas a Paloma y Flor de Lis, nacidas en los siglos XI y XVIII, en versión bibliográfica de Manuel Abella y Alfonso García Escuder (pág. 71); las crónicas mensuales de Ángel del Río, Pedro
Montoliú y Antonio Castro (pág. 82); la bibliografía de Juan Tébar (pág. 85); el calendario de ferias (pág. 86) y la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal de éxico (pág. 93).
 
Como miscelánea, merece la pena.
 
Enrique de Aguinaga
Director

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